Aconsejado por los dueños del mundo...

La plebe debe saber, "TOP SECRET".

Rafael Cabello Herrero.

Aquella  amena y constructiva charla con mi amigo José Manuel García Bautista esa tarde de uno de los primeros meses del 99, me hizo meditar a la vez que José me proponía le escribiera algo relacionado con mis pequeñas pesquisas pero aterradoras posibilidades.

Ya desarrollado el programa de astronomía que posteriormente nos iba a servir de base para un magnífico proyecto que estábamos gestando, jugando y viendo las posibles modalidades de gestión, me propuse recogiendo todos los datos asociados con los asteroides, meteoros, cometas y otros objetos con posibilidad de impactar en un tiempo relativamente corto sobre nuestras cabezas. Después de gestionar algunos asteroides de periodos relativamente cortos "cercanos" como el Toutatis, Ceres, Vesta, etc..., descubrí que algunos de estos cuerpos celestes en su acercamiento hacia la órbita terrestre se aproximaban peligrosamente hasta estar dentro de una hipotética y posible variación en su trayectoria primigenia quedando a merced de que en próximas visitas o perigeo entrara dentro de la captura gravitatoria de la tierra. "¿HIPOTESIS...?"...

Poniéndome al día sobre esta escalofriante posibilidad real, descubrí un artículo recopilado en Internet del año 83 escrito por varios científico y el célebre Mr. Eugene M. Shoemaker del (Instituto de Tecnología de California y Astrónomo Planetario de Caltech), donde sus cálculos le llevaba a la conclusión de que cada año y como promedio se autodestruían en algún lugar de entrada a nuestra atmósfera terrestre fragmentos de asteroides y cometas con una energía cinética equivalente a unas 22.000 toneladas de TNT o alrededor de 10 elevado a 25 ergios. Los cuerpos meteoroides de unos 10 metros de diámetro, pueden pesar aproximadamente entre 12 y 20.000 toneladas alcanzando una velocidad de aproximación hacía la tierra de entre 15 y 30 kilómetros por segundo. (la explosión inexplicable de Tunguska de 1908, liberó aproximadamente el equivalente a unos 11 millones de toneladas de TNT, u 11 megatones. Aunque, Eugene M. Shoemaker, desarrolló la teoría de que este caso fue ocasionado por un cometa de masa helada, por lo que no llegaron nunca a encontrar elementos minerales o metálicos que lo identificara, solo quedó un gran agujero relleno de agua y materia fangosa que desarrolló una gran plaga de moscas y mosquitos hasta entonces casi desconocidas por esas latitudes.

Siguiendo con los ejemplos una explosión de 20 kilotones no puede confundirse con una mascletá valenciana  y menos aún pasar desapercibida, ya que sus resultados podían igualarse a la bomba de fisión que destruyó Hiroshima en el año 1945, además de  provocar un eclipse que haría alarmar a toda la población de la zona.

Afortunadamente objetos con estos tamaños mencionados, no metálicos, se destruyen sistemáticamente en alturas elevadas sin llegar a producir daños sobre la superficie terrestre. Esperemos que siga ocurriendo así hasta el final de los tiempos.

Recientemente el Telescopio Vigía de 915mm, que se encuentra en el estado de Arizona EEUU., ha descubierto infinidad de objetos con decenas de metros de diámetro pululando por las inmediaciones de nuestro espacio exterior alrededor de la tierra.

Según las observaciones y estimaciones hechas por Shoemaker sobre el acercamiento de estos cuerpos celestes, Mr. David L. Rabinowitz, antiguo miembro del equipo del Telescopio Vigía , comentaba que las conclusiones de Shoemaker, sobre la frecuencia de acercamiento eran demasiado conservadoras sobre un factor de posibilidades entre 20 y 100 veces.

El 10 de abril de 1993, Mr. Rabinowitz en la revista Astrophysical Journal, hace un calculo de escalofríos, ya que literalmente, asegura científicamente que la tierra soporta unas explosiones de aproximadamente 20 kilotones cada mes y recibe a lo largo del año miles de sacudidas de varios kilotones.

Curiosamente, estas explosiones cósmicas no aparecen reflejadas en ningún país del mundo aunque hallan saltado las alarmas locales de pueblos enteros que han sido testigos directos de estas raras y ocasionales circunstancias. La única explicación "oficial", ha sido la típica tormenta seca y descargas eléctricas propias de dichas condiciones meteorológicas.

Un caso que se les escapó a las autoridades competentes de las manos fue el caso que dio la vuelta al mundo, una noche de marzo de 1965, una bola de fuego que surcó el cielo nocturno de la zona central al sur de British Columbia  con tal magnitud de luminosidad que llegó a deslumbrar a todo el que fue testigo del evento. Otro caso que se pudo hasta filmar con una videocámara doméstica a plena luz del día en el mes agosto de 1972, un bólido que cruzó a todo lo largo la Cordillera de las Montañas Rocosas acompañado de un estrepitoso zumbido o silbido agudo, unos cazas interceptores de la USAF intentaron desde muy lejos perseguir al objeto sin conseguir si quiera acercarse, este bólido no llegó a penetrar en la atmósfera solo rozó y volvió a desaparecer tal como había aparecido.

Curiosamente, y según Mr. Rabinowitz los avistamientos de estos sucesos difícilmente están en consonancia con las predicciones de frecuencias que se editan semanalmente  en las listas y consultorios de astronomía y astrofísica para los observatorios relacionados con estos temas. Esto me lleva a una pregunta un poco tonta..., ¿qué está ocurriendo con estos datos de vital importancia para la humanidad..?.

Para dar una respuesta cercana a la realidad tenemos que comenzar a levantar la vista hacía los vehículos espaciales desarrollados para la defensa de los EEUU, que se instalaron durante la guerra fría y que posiblemente hoy ya no tengan la razón de su existir beligerante, pasando concretamente a desarrollar vigilancias externas a nuestra atmósfera.

En el mes de octubre de 1993, el Departamento para la Defensa de los EEUU, y dentro de la logística de satélites artificiales o interceptores electrónicos de misiles nucleares, desarrollaron un perfil de desclasificación para todos los acontecimientos registrados a lo largo de 17 años en observaciones realizadas en órbitas de satélites controlados por el Mando Aéreo Espacial de los EEUU., donde no hubiera una estrategia militar pero que se detectara algún incidente relacionado con la observación y seguimiento en la entrada de la atmósfera terrestre de algún cuerpo no relacionado con "ataques balísticos" o pruebas de efectividad de defensa balística o aérea.

¿ Cuál fue la sorpresa...? Pues nada más y nada menos que el libro  publicado por la Universidad de Arizona llamado (Hazards Due to Comets and Asteroids) en el cual aparece un capítulo dedicado a todos los casos desclasificados durante estos 17 años mencionados. El principal autor del informe es Edward Tagliaferri, (ET Space Systems), donde desarrolla  cada uno de los 136 registros realizados por los seguidores de infrarrojo o scaners que detectaron sus respectivas explosiones en la entrada de la atmósfera terrestre. Un promedio de 6 a 9 asteroides, meteoritos o bólidos anuales nos han despeinado con una potencia energética que podría sobrepasar un kilotón sin tener conocimiento del hecho los ciudadanos de a pié.

 

Según Tagliaferri, este es el tipo de impacto cósmico singular al que estamos predispuesto y a ser posiblemente los últimos testigos de excepción de un momento a otro. Shoemaker afirmaba que estaba advertido permanentemente sobre estos datos durante muchísimo tiempo algunas veces comiéndome interiormente por no poder desvelar los resultados de las investigaciones militares hasta que por fin, todos estos datos vieron la luz pública en octubre del 93. El éxito y el mérito de conseguir la desclasificación de esta base de datos se le debe otorgar al científico y astrónomo Simón P. Wonder,  que encabezaba la división del Organismo de Misiles Balísticos del Mando de Defensa Aérea,  (del grupo de la "Guerra de las Galaxias").

Estos informes que han visto la luz, no identifican ni desvelan detalles de los sensores utilizados en la detección de las fuentes de calor y luz de estas explosiones siderales, tampoco determinan la posición estratégica de los satélites ni sus sistemas operativos, aunque otras fuentes consultadas sugieren que están desarrollados por los primeros satélites de vigilancia del Programa Apoyo a la Defensa o (DSP), operativos a una altitud media de unos 35.000 metros en una órbita geoestacionaria de detección sensorial de la atmósfera superior buscando rastros o focos térmicos en el espectro del infrarrojo por lo que la detección de un insuficiente punto luminoso puede ser detectado a plena luz del día, existen otros scaners de complemento que en el espectro de lo visible posiciona con una precisión milimétrica  el lugar  exacto de la detección del foco térmico o luminoso.

 

Otro de los sistemas detectores utilizados son de temperaturas muy bajas o matriciales, ajustados a longitudes de ondas infrarrojas de 2'78 micras, esta suele ser absorbida en la zona más baja de la atmósfera por el vapor de agua por lo que una trayectoria balística del un misil es detectado por el rastro de vapor que va dejando a su paso. Los grandes objetivos Schmidt de 3'6 metros de distancia focal, realizan barridos en el espectro del infrarrojo sobre la tierra cada 10 segundos, con una sensibilidad tal que lo utilizan como complemento al sensor anteriormente explicado y determinan con precisión la trayectoria balística desarrollando la compleja y posible intersección del misil antes de llegar al objetivo prefijado.

El registro más brillante de un destello en órbita, desde el año 1965, fue el resultado de una explosión energética de unos 7 kilotones. Por lo que la relación esperada es menor que la mayoría de los fenómenos que quedan sin registrar, aunque los satélites vigías los detecten automáticamente, ya que estos están pendientes de actividades de defensa, ignorando o dando por fenómenos naturales la detección de estas magnitudes térmicas y no considerándolas hostiles, los destellos meteóricos ocasionales considerados como naturales duran escasos segundos, por lo que los scaners de infrarrojos en la mayoría de los casos desechan la información detectada y pierden cuatro sucesos de cada cinco. Tagliaferri estima que al menos 80 kilotones procedentes de elementos extraterrestres golpean todos los años la Tierra, esa frecuencia de bombardeo es superior a las estimaciones realizadas por Shoemaker pero siempre inferior de la extrapolada por los avistamientos de los Telescopios de Vigilancia Espacial.

De los 136 casos registrados y desclasificados en el espectro del infrarrojo, solo 3 se reflejaron sobre los detectores del espectro de la luz visible, operativos desde principios de los años 80, curiosamente este hecho hizo que fueran detectados simultáneamente por dos satélites haciendo una triangulación de detección posicional en un lugar muy bien determinado, uno fue detectado sobre los 30 km por encima del Océano Pacífico el 1 de octubre de 1990, una explosión de 2 kilotones en pleno conflicto bélico de Kuwait Irak. Cualquier observador situado en tierra bajo la explosión habría visto brillar una zona celeste casi con la misma intensidad del astro rey de nuestro sistema, además de poder oír retumbar una sonora explosión inmediatamente después del hacho ocurrido. Si este hecho hubiera ocurrido sobre Kuwait puntualiza Mr. Wonder, podría haber empeorado las relaciones bélicas entre estos dos países y aunque hubieran dicho desde los EEUU que no tenían nada que ver con el caso, nadie los hubiera creído.

Todos los especialistas en impactos de cuerpos extraterrestres, esperaban que la publicación de los informes previamente clasificados representaran el primer paso de una estrecha relación a largo plazo con la comunidad de vigilancia espacial. Hoy ya hay una presión inminente para que todos los datos sin excepción sean desclasificados además de poder recoger los satélites operativos el 100/100 de las detecciones relacionadas con la entrada en la atmósfera terrestre de dichos cuerpos celestes para de esa forma poder asegurar la distribución sistemática de los informes ya no clasificados. 

Tagliaferri durante una entrevista en un programa de televisión americano, aseguró y reconoció que los sistemas actuales tienen objetivos de seguridad nacional digamos que obsoletos pero que por consecuencia de la seguridad nacional no quieren verse directamente comprometidos los científicos prefiriendo esperar oficialmente su desclasificación, aunque les reste efectividad en los sucesos inmediatos, quedando un poco relegados al paso lento de la burocracia oficial. Por este motivo se desarrollo posteriormente otra posibilidad que les está dando unos resultados más efectivos en tiempo real, una concesión negociada actualmente con inclusiones de detectores de comparación en satélites civiles como los pertenecientes al System Position Global o GPS.

El investigador Mr. Douglas O. Re Valle del Laboratorio Nacional de Los Álamos especialista en Meteoritos, Asteroides y Cometas, comentó en cierta ocasión durante una conferencia de prensa que no era la primera vez que defensa haya proporcionado y gestionado conjuntamente información clasificada (pero de muy específicos y concretos casos puntuales que han sobresalido del nivel de alto secreto por haber sido muy sonados en algún medio y como para quitarle relevancia acallando así cualquier conato de magnificencia). Incluso han aportado los indicios de las secuencias de frecuencias de impactos extraterrestres en determinadas épocas del año donde crece el nivel de posibles explosiones estelares.

La detección de las bandas acústicas de muy baja frecuencia entre los años 60 y 75 (sobre los tejados de algunas embajadas estadounidenses seleccionadas en distintos puntos del planeta) con sensores de sonido de MBF diseñados para recoger solo periodos secuenciales determinaron una red global donde se detectaron en baja frecuencia algunas explosiones aéreas de naturaleza casi desconocida. Posiblemente el 3 de agosto de 1963 una explosión detectada  en el hemisferio sur fue calculada como un cuerpo de unos 30 metros de sección que cayó entre Sudáfrica y la Antártida sin producir daños materiales pero se calculó que la energía liberada superó el medio millón de toneladas de TNT. ¿qué hubiera pasado si cae sobre algún terreno habitado..?

Tantas bombas cósmicas reventando sobre nuestra cáscara etérea, nos deja casi sin respiración, pero lo curioso de todo esto es que los científicos no comprenden como son tan pocos registros visuales  de bólidos brillantes tasados en todo el mundo, un investigador del (IMO) para Norteamérica, en su locución durante una conferencia y mesa redonda en una Universidad de Florida, teorizaba sobre dos posibles explicaciones, la primera podría encuadrarse dentro del espectro de lo no visible al ojo humano, provocando energía como normalmente se produce dentro del infrarrojo, y la segunda más difícil de suceder en el espectro luminoso acompañado del térmico mucho menos posible que suceda en longitudes de ondas visibles. Además de estas posibles explicaciones hay que sumarle que estos estudios son relativamente nuevos y las bases de datos con el paso del tiempo se irán engrosando y actualizando haciendo más efectivo el proceso de detección además de tener la posible colaboración militar directamente vinculada a los últimos registros en tiempo real y sin pasas por ningún proceso de clasificación y posterior desclasificación, que es lo que realmente relentiza cualquier investigación astronómica o astrofísica.

 

José Manuel García Bautista y Rafael Cabello Herrero.

Sevilla a 25 de septiembre de 2000.